La Economía Circular como herramienta de recuperación

La economía actual de usar y tirar, genera una cantidad de residuos asombrosa.

La transición desde el actual sistema económico lineal hacia una economía circular permitiría compatibilizar el desarrollo y bienestar económico de la creciente población mundial con la capacidad natural del planeta para soportarlo.

Esto implica una pérdida de valor igualmente disparatada. En Europa solo el 12 % de los recursos materiales utilizados provienen del reciclaje y de la recuperación. El 88 % restante se pierde. Estos peligros han quedado patentes con la actual crisis de coronavirus.

Es momento de desbloquear la economía lineal. Nos encontramos bloqueados en un sistema económico que arrastra una poderosa inercia equivocada desde la Revolución Industrial. Entonces se sentaron las bases del modelo lineal, sin por supuesto prever su incompatibilidad con las actuales dinámicas ambientales y demográficas.

Dentro de su gravedad, el actual frenazo en la economía mundial también puede interpretarse como una oportunidad para arrancarla de nuevo con una orientación más sostenible. Arreglar una bicicleta en marcha es imposible, pero parece que estaremos en la cuneta durante algún tiempo.

Debemos aprovechar esta oportunidad para dar un paso atrás y plantearnos soluciones alternativas a nuestros problemas y necesidades, para ecoinnovar y rediseñar nuestro modelo equivocado de creación de valor económico, que está demostrando ser insostenible.

No se trata de hacer menos malo lo que ya hacemos mal, poniendo filtros en nuestros desagües y chimeneas, enterrando nuestros residuos o reciclándolos parcialmente en productos de menor valor. Se trata de hacer las cosas de un modo diferente, que permita compatibilizar la sostenibilidad del crecimiento socioeconómico con la del sistema natural: se trata de transitar con urgencia hacia una economía circular.

En pocas palabras, la economía circular se basa en tres principios muy simples:

  • El desperdicio no existe. Los productos deben ser diseñados y optimizados para un continuo ciclo de desensamblado y reutilización al final de su vida útil.
  • La cuidadosa gestión del flujo de materiales. De acuerdo con esta perspectiva, son de dos tipos: por una parte, nutrientes biológicos, diseñados para reincorporarse sin impacto ambiental negativo al ecosistema, contribuyendo de ese modo al crecimiento del capital natural. Por otra parte, nutrientes tecnológicos, diseñados para reincorporarse sin pérdida de valor al sistema industrial, contribuyendo al crecimiento del capital económico.
  • La energía para alimentar este ciclo debe ser renovable. De nuevo para reducir la dependencia de recursos e incrementar la resiliencia del sistema natural y del sistema económico.

Cada uno de nosotros, como ciudadanos, podemos contribuir a la economía circular. Por ejemplo, contratando energía verde, comprando productos eficientes energéticamente, comprando alimentos de temporada y proximidad y, en general, reduciendo nuestro consumo y desperdicios.

Sin embargo, y a pesar de que la fuerza de la demanda es poderosa, esta transición exige compromisos e inversiones que corren a cargo de las empresas. Las empresas, grandes y pequeñas y los emprendedores pueden contribuir a la economía circular utilizando diferentes modelos de negocio.

Cada vez hay más empresas que buscan valor no solo en los productos finales, sino también en las corrientes de materiales que se utilizan en sus sistemas productivos. Un ejemplo es Procter & Gamble, que aspira a operar todas sus fábricas con el objetivo de cero residuos.

También hay empresas que contribuyen a la economía circular prolongando la vida útil de sus productos. A través de su negocio de reacondicionamiento, la tecnológica Dell recupera viejos equipos y los revende cuando es posible.

Igualmente contribuyen a la economía circular las empresas de plataformas de uso compartido. En lugar de desechar o infrautilizar productos que se encuentran inactivos, permiten que otras personas tengan coacceso o copropiedad. Como ejemplos se podrían mencionar Airbnb o BlaBlaCar.

Por último, también contribuyen las empresas que operan bajo el modelo de negocio de producto como servicio. Este no se centra en generar grandes volúmenes de producción, sino que se enfoca en las prestaciones y la capacidad de actualización que tienen sus productos. Desmaterializa así la entrega de valor para ofrecer siempre las últimas innovaciones. Encontramos otro ejemplo inspirador en la propuesta de “iluminación como servicio” de Philips. El cliente paga por los lúmenes de los que disfruta, y no por el equipamiento. De su diseño, operación, mantenimiento y renovación se encarga la compañía holandesa.

Una transición difícil pero urgente. En conclusión, la transición desde el actual sistema económico lineal hacia una economía circular permitiría compatibilizar el desarrollo y bienestar económico de la creciente población mundial con la capacidad natural del planeta para soportarlo.

Evidentemente, tal cambio representa un gran desafío a la inercia equivocada en la que se encuentra instalado nuestro sistema económico desde hace más de un siglo.

Pero esta transición también representa una gran oportunidad para países y empresas. Se estima que podría generar un valor próximo a 4,5 billones de dólares en 2030, al tiempo que abundantes oportunidades de empleo y una mayor innovación.

Este proceso puede ser largo, lento, costoso y tal vez frustrante en el corto plazo. Quizás no muchos países y empresas puedan permitirse liderar esta transición. Lo que parece evidente es que pocos podrán mantenerse al margen de ella.

Responsabilidad Social Empresarial en las PYME’s: RSE.

¿Qué es la Responsabilidad Social Empresarial o RSE? Es «La integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones empresariales y sus relaciones con sus interlocutores»

La RSE es un diferente marco de relación que compromete a todos los sectores: administración, empresas, organizaciones y ciudadanía. Estamos hablando de acciones que deben formar parte de la estrategia y del proceso productivo y, por lo tanto, integradas tanto en la política de la empresa como en su cultura.

Aunque la RSE puede parecer más ligada a grandes empresas, su aplicación en las PYMEs es más natural, dada su mayor relación con el entorno y su proximidad a los clientes. De hecho, las PYMEs vienen aplicando prácticas de RSE de forma habitual y ligada a su quehacer diario, aún sin conocer el concepto y sin llamarlas por ese nombre. Y un dato crucial: sin la implicación de las PYMEs, la RSE no puede tener un impacto real en la sociedad.

Beneficios de la RSE para las empresas a nivel interno:
• Mejora la fidelidad, el compromiso y la motivación de los trabajadores/as
• Ayuda a atraer y retener buenos/as profesionales
• Mejora el clima laboral, lo que incrementa la productividad y la calidad
• Permite reducir costes de operación
• Permite obtener desgravaciones fiscales
• Mejora la comunicación interna
• Fomenta una cultura corporativa definida

Beneficios de la RSE para las empresas a nivel externo:
• Ayuda a fidelizar los/as clientes actuales y captar nuevos clientes
• Mejora la relación con el entorno social
• Mejora la imagen y reputación de la empresa
• Contribuye a un mejor posicionamiento y diferenciación de marca
• Incrementa la notoriedad
• Mejora las relaciones con los sindicatos y la administración
• Permite el acceso a nuevos segmentos de mercado

Una empresa es competitiva cuando es capaz de obtener una rentabilidad mantenida en el tiempo. Si además es sostenible, estará minimizando su impacto ambiental y trabajando de forma socialmente responsable. Esto es, garantizando el máximo desarrollo personal y profesional de sus trabajadores y generando un impacto positivo en el entorno local y/o global.

Es importante que la dirección y/o la propiedad de la empresa comprendan y asuman el compromiso con la mejora que supone abordar un proceso para sistematizar la introducción de la RSE. Explicitar este compromiso desde el principio es fundamental tanto para abordar las sucesivas fases como para asentar los criterios de transparencia y diálogo que conlleva la RSE.

Sin una misión como empresa es muy difícil plantearse incorporar la RSE. Estamos hablando de una reflexión práctica y bien argumentada de por qué y para qué existe la empresa, teniendo claro cuáles son sus fuentes de ventaja competitiva. Reflexionar sobre la misión y visión de la empresa permite avanzar en la definición de su estrategia, un paso fundamental para entender cómo la RSE puede contribuir eficazmente a la mejora.

El comportamiento socialmente responsable de una empresa con RSE se mide por el grado de excelencia empresarial alcanzada en las 3 dimensiones fundamentales que comprenden el concepto de sostenibilidad: económica, ambiental y social.

ENLACES:   Guia para Pymes

Electricidad: Un millón de euros cada diez minutos

Según el último informe de Comercio Exterior elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda, «España importó en 2013 combustibles fósiles por valor de 57.162 millones de euros (más de un millón de euros cada diez minutos es el coste de la dependencia de la electricidad en nuestro país), cifra que supera en 19.596 millones de euros lo que han costado todas las primas a las energías renovables desde 1998».

La Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) «denuncia que el Gobierno está paralizando la generación renovable en España con su política en materia de electricidad, mientras que nuestro país arrastra un histórico déficit energético».

Las energías renovables primadas -fuentes autóctonas de electricidad, como el agua, el viento o el sol- produjeron en 1998 apenas el 3,3% de los kilovatios que consumió España, mientras que, en 2013, año en que fuera derogada la anterior Ley del Sector Eléctrico y aprobada la actual, las renovables primadas produjeron más del 30% de los kilovatios hora que consumió el país.

Pero es que, además de ayudar a España a independizarse de fuentes de energía extranjeras, como el gas o el petróleo, está «más que demostrado que cuanta más generación renovable entra en el sistema eléctrico más se reduce el precio de la electricidad.

APPA denuncia en ese sentido la ausencia de competencia en el mercado de la electricidad español, situación que, según detalla la asociación, ha sido asimismo denunciada tanto por la Comisión Europea como por la Comisión Nacional de Energía, y que mantiene privilegios de las grandes eléctricas.

La legislación que emana de Industria «parece tener como finalidad salvaguardar los beneficios astronómicos de las grandes patronales de la electricidad españolas, muchísimo más altos que los de sus homónimas europeas». Resulta «incomprensible» el aumento en un 30% de la retribución al Operador del Sistema (Red Eléctrica de España) y en un 8% la del Operador del Mercado (OMIE).

APPA concluye su comunicado emitiendo un diagnóstico muy claro: «la gran enfermedad de la economía española -su fuerte dependencia energética del exterior- no sólo no va a mejorar sino que se va a agravar, toda vez que el Gobierno se obstina en acabar con las energías renovables mientras simultáneamente se aplica en mantener los privilegios del oligopolio de las grandes eléctricas».

Enlaces: Los costes en las empresas

Desigualdad y crecimiento sostenido

Hace escasas fechas se publicó en “Diálogo a fondo”, blog del Fondo Monetario Internacional sobre temas económicos de América Latina, el artículo “La redistribución como tratamiento para la desigualdad: ¿Es la cura peor que la enfermedad?”, cuyos autores son Jonathan D. Ostry y Andrew Berg, del que reproducimos un extracto a continuación.

El aumento de la desigualdad de ingresos ocupa un lugar preponderante en el temario de la política económica mundial, reflejando no solo el temor a sus perniciosos efectos sociales y políticos, (incluidas las dudas sobre la compatibilidad de una desigualdad extrema con la gobernabilidad democrática), sino también sus repercusiones económicas.

Es probable que el exceso de desigualdad debilite el crecimiento, por ejemplo al obstaculizar el acceso a la salud y la educación, provocar inestabilidad política y económica, que a su vez reducen la inversión, y frustrar el consenso social necesario para efectuar ajustes ante shocks importantes.

Como es lógico, los economistas han venido tratando de entender mejor los vínculos entre el aumento de la desigualdad y la fragilidad del crecimiento económico.

¿Qué papel le toca jugar a la política económica, y en particular a la redistribución fiscal, para promover la igualdad? La sabiduría convencional parecería sugerir que la redistribución sería en sí misma perjudicial para el crecimiento, pero no se puede descartar la posibilidad de que lo estimule al engendrar más igualdad.

Analizando la experiencia del pasado, observamos escasos indicios de que los esfuerzos habituales por redistribuir hayan tenido, en promedio, un efecto negativo en el crecimiento. Además, a la reducción de la desigualdad, parece haberle seguido un crecimiento más rápido y duradero.

Desenredar los efectos de la desigualdad y la redistribución en el crecimiento.

En efecto, muchos sostienen que la redistribución perjudica el crecimiento e incluso que los esfuerzos de redistribución dirigidos a solucionar una desigualdad pronunciada son el origen de la correlación entre la desigualdad y el bajo crecimiento.

Si esto fuera así, entonces los impuestos y las transferencias pueden ser precisamente el remedio equivocado: la cura quizá sea peor que la propia enfermedad.

Varios trabajos señalan que algunas políticas redistributivas, como por ejemplo, las inversiones públicas en infraestructura, el gasto en salud y educación y las prestaciones de seguridad social, pueden favorecer tanto el crecimiento como la igualdad.

Otros son más favorables a la existencia de una disyuntiva fundamental entre redistribución y crecimiento, como sostuvo Okun (1975) al referirse a las “pérdidas” de eficiencia que acompañan los esfuerzos por reducir la desigualdad.

¿Qué pruebas hay de los efectos macroeconómicos de las políticas redistributivas, tanto directamente en el crecimiento como indirectamente, que reducen la desigualdad, lo que a su vez afecta al crecimiento?

Para aclarar estas relaciones, utilizamos una nueva serie de datos de varios países que distingue minuciosamente la desigualdad neta (después de impuestos y transferencias) de la desigualdad de mercado (antes de impuestos y transferencias) y nos permite calcular las transferencias redistributivas con respecto a una gran cantidad de países a lo largo del tiempo.

Algunos resultados sorprendentes sobre los vínculos entre la redistribución, la desigualdad y el crecimiento.

En primer lugar, seguimos constatando que la desigualdad es un factor determinante robusto y poderoso tanto del ritmo del crecimiento de mediano plazo como de la duración del mismo, incluso si la cuantía de las transferencias redistributivas se mantiene constante.

Por consiguiente, seguiría siendo un error centrarse en el crecimiento y dejar que la desigualdad se resuelva sola, aunque más no fuera porque el crecimiento consiguiente puede ser bajo e insostenible. La desigualdad y el crecimiento insostenible pueden ser dos caras de la misma moneda.

En segundo lugar, sorprendentemente, los datos históricos que usamos en nuestro estudio ofrecen pocos indicios de los efectos negativos de la redistribución fiscal en el crecimiento. La redistribución promedio y la subsiguiente reducción de la desigualdad parecen estar firmemente vinculadas a un crecimiento superior y más duradero.

Estas observaciones pueden indicar que, de hecho, los países que han llevado a cabo políticas redistributivas las han formulado de forma razonablemente eficiente. Esto importa especialmente en el caso de países cuya gestión de gobierno y capacidad administrativa son deficientes, donde es fundamental crear instrumentos tributarios y de gasto que permitan a los gobiernos llevar a cabo una redistribución eficiente.

En base a la historia y los principios fundamentales sabemos que, después de cierto punto, la redistribución tendrá un efecto destructivo en el crecimiento y que, si supera cierta medida, la igualdad extrema tampoco puede propiciar el crecimiento.

Balance final.

La conclusión que surge de los datos históricos macroeconómicos utilizados en este análisis es que, en promedio, en diferentes países y a lo largo del tiempo, las medidas de redistribución habitualmente adoptadas por los gobiernos no parecen haber producido malos resultados en materia de crecimiento.

Asimismo, independientemente de las consideraciones éticas, políticas o más generales en materia social, la igualdad consiguiente parece haber contribuido a apuntalar un crecimiento más rápido y duradero.

En pocas palabras, encontramos pocos indicios de una “gran disyuntiva” entre redistribución y crecimiento. Por consiguiente, en muchos casos, parece improbable que la inacción ante situaciones de fuerte desigualdad esté justificada.

 

Suministro de electricidad, un estudio de FACUA

La organización FACUA-Consumidores en Acción ha elaborado el informe “Estudio comparativo sobre suministro eléctrico en diez países de Europa, con el objetivo de conocer con el mayor grado de detalle posible cómo se efectúa la prestación del suministro de electricidad para los consumidores en distintos países europeos.

El estudio, realizado entre septiembre de 2013 y enero de 2014, analiza la situación del suministro de electricidad en ocho países de la Unión Europea (Chipre, España, Estonia, Francia, Grecia, Hungría, Italia y Portugal) y los otros dos, Albania y Serbia, son potenciales candidatos al acceso. Excepto estos dos últimos y Hungría, los demás forman parte de la zona euro.

Se trata de la primera iniciativa de colaboración conjunta propuesta por FACUA a nivel europeo, con la que la asociación trata de arrojar luz sobre un sector tan importante como desconocido para muchos de los consumidores del continente.

Comparativa de tarifas reguladas del suministro de electricidad

Entre otros aspectos, el estudio establece una comparativa de tarifas según el precio regulado del kilovatio por hora (kWh) consumido.

Así, el precio del kWh regulado en España, con 0,124985 euros por kWh al momento de la realización de la encuesta (siempre sin impuestos incluidos), resulta un 48,2% más caro que el de la tarifa regulada más barata analizada, los 0,06475 euros de media de Hungría.

Otra de las tarifas reguladas más económicas es la de Albania, con un precio medio de 0,075398 euros por kWh. Sólo Portugal (0,1405 euros/kWh) y Chipre (0,225 euros/kWh de media) disponen del kWh regulado más caro que en España.

Comparativa del suministro de electricidad en el mercado libre.

Seis de los diez países participantes en este estudio han aportado datos comparativos sobre las ofertas existentes en el mercado libre del suministro de electricidad.

El precio medio del kWh en el mercado libre de España (0,139141 euros) es un 68,3% más caro que en Estonia, el país con el precio medio del kWh libre más económico de los países comparados, con 0,044117 euros.

España es, además, el país con el precio medio del kWh en el mercado libre más caro de los analizados.

A España le sigue de cerca Portugal (0,137383 euros de media), dos países en los que, a pesar de que los consumidores pueden optar de forma generalizada por la tarifa regulada por sus gobiernos o por el mercado libre, las tarifas medias para esta última opción resultan más caras que las protegidas.

Además de Estonia, entre los países con el precio medio del kWh más barato de los analizados están Francia, con 0,086533 euros por kWh, y Grecia, con 0,088 euros.

Gratuidad obligatoria del teléfono de atención al cliente.

Cuatro de los diez países analizados cuentan con el imperativo legal para las compañías eléctricas de habilitar un teléfono de atención al cliente gratuito (Estonia, Grecia, Italia y Serbia).

En el resto no existe tal obligación, salvo en la comunidad autónoma de Cataluña, donde la ley autonómica sí establece este requisito para las compañías.

Disparidad regulatoria.

FACUA ha constatado una gran disparidad regulatoria entre los países analizados en materia de suministro de electricidad, pero también elementos que comparten una cierta semejanza. Y ello a pesar de que, para los ocho países analizados que forman parte de la UE, resulta de aplicación la Directiva 2009/72/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de julio de 2009 sobre normas comunes para el mercado interior de la electricidad.

Las mayores diferencias detectadas por FACUA se producen a la hora de establecer las condiciones para que los hogares puedan acogerse a la tarifa regulada por los Gobiernos de los nueve países que cuentan con precios regulados (todos excepto Estonia), donde no existe ninguna pauta común.

En Albania, Chipre y Serbia, además, se da la circunstancia de que sólo existe un operador de suministro de electricidad.