Claves de la estrategia empresarial.

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Imaginemos que queremos construir una casa, ¿cuál sería el procedimiento que seguiríamos? Haríamos un boceto de lo que queremos y buscaríamos un arquitecto para que hiciera los planos. Una vez tuviéramos los planos, buscaríamos a un constructor que edificara la vivienda y a un aparejador que supervisara la obra. Y, todo ello, lo haríamos con un objetivo: tener una casa nueva, perfectamente hecha y a nuestro gusto ¿verdad? Entonces, ¿por qué no hacer lo mismo con una empresa.

La estrategia empresarial es uno de los mayores campos de estudio que más interés ha despertado, tanto en el mundo académico como en el mundo de los negocios. La importancia de la dirección estratégica radica en su vinculación directa con los resultados empresariales. La estrategia empresarial busca asentar las bases, el hilo conductor que guíe el comportamiento y el desarrollo del negocio y que le ayude a crecer y a expandirse. Persigue dar forma y carácter a la organización definiendo los planes de la empresa a un corto, medio y largo plazo. “La clave del éxito de toda compañía radica en su estrategia empresarial”

Con la estrategia empresarial un negocio puede controlar mejor el cumplimiento de los objetivos. Además, ayuda a la mejora de procesos, a detectar nuevas oportunidades de negocio, a establecer objetivos más claros, a detectar problemas y amenazas, a mejorar la coordinación y el control entre departamentos y un largo etcétera.

La estrategia empresarial se compone, al menos, de 4 elementos básicos y fundamentales:

  • Los objetivos a medio/largo plazo: Lo primero que se debe saber es hacia dónde guiar la empresa, desde el inicio a 3 y 5 años. Establecer unos objetivos es primordial para tener una estrategia empresarial coherente, coordinada y, sobre todo, efectiva. Estos objetivos deben ser realistas.
  • La estrategia corporativa: Una vez definidos los objetivos, es necesario establecer la estrategia corporativa, las líneas de negocio, las fases de expansión, etc.
  • La estrategia competitiva: Es aquella que se basa en la ventaja competitiva del negocio. Qué le da valor a la empresa, que la hace distinta al resto, que la identifica y la distingue de la competencia.
  • Las estrategias funcionales: Una vez desarrollados los tres puntos anteriores, marca las estrategias funcionales. Son aquellas que seguirán las distintas áreas de la empresa, teniendo en cuenta los objetivos generales, la estrategia corporativa y el factor diferencial de la compañía.

Partiendo de los objetivos de la empresa, es primordial, para una estrategia empresarial definida, establecer objetivos específicos para cada área funcional y definir cuál es la manera más eficaz y eficiente de disponer los recursos y habilidades de las mismas para la consecución de dichos objetivos.

Tal y como recoge el análisis de la Escuela de Organización Industrial (EOI), la  estrategia,  por  lo  general,  se  compone  de  elementos  externos  e  internos.  Los  elementos externos se refieren a los medios para hacer que la empresa sea efectiva y competitiva en el mercado; qué  necesidades  satisfacer,  a qué  grupos  o  segmentos  de  clientes dirigirse,  cómo distinguirse de  la  competencia,  qué  productos  o  servicios ofrecer,  cómo defenderse  de movimientos competitivos de los rivales, qué acciones tomar en función de las tendencias de la industria, cambios en la economía o movimientos políticos y sociales, etc.

Los  elementos  internos  se  refieren  a  cómo  las  diferentes  piezas  que  componen  la  empresa (personas,  departamentos,  actividades),  habrán  de  organizarse  para  lograr  y  mantener  esa ventaja   competitiva. Una   característica   diferencial   de   una   empresa   en la   creación, producción  o  comercialización  del  producto  o  servicio, puede  ser  tan  determinante  en  la obtención de dicha ventaja como cualquiera de los elementos externos.

La estrategia empresarial es un elemento vivo dentro de la empresa y, como tal, debe evolucionar y adaptarse a las distintas situaciones. El mercado actual cambia a una velocidad vertiginosa, los clientes son cada vez más exigentes, los recursos pueden fluctuar y escasear.

Por último, es necesario otorgar un especial protagonismo a “los indicadores”. Una vez definida la estrategia empresarial, es importantísimo medir. Establecer distintos indicadores a través de los cuales se pueda observar el estado en la consecución de los objetivos marcados. Y, si hay algo que no funciona, aportar e implementar una solución.

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