La formación continua en las Pymes españolas.

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Según un estudio elaborado por la Federación Nacional de Asociaciones de Consultoría, Servicios, Oficinas y Despachos (Fenac), “sólo el 8,6% de las pymes de nuestro país acceden al sistema de formación bonificada, lo cual exige tomar medidas para acercar la formación a nuestro tejido productivo”. Según apunta Francisco Aranda, vicepresidente de FENAC, “no tiene sentido que el colectivo mayoritario de empresas de nuestro país esté desconectado del principal elemento de competitividad que es la formación”.

El motivo principal por el que las pymes españolas no acceden a la formación bonificada está en la falta de recursos materiales y humanos propios de este tipo de compañías. Tampoco favorecen, según el estudio, la complejidad en la gestión, los importes reducidos que reciben las pymes, ni los escasos incentivos existentes para las consultoras. Según Aranda, “nuestra economía debería avanzar aportando productos y servicios de mayor calidad, para lo que resulta fundamental introducir la innovación en todos los procesos, a través de la formación. Ahora que todos los políticos parecen querer apoyar a las pymes, no podemos olvidar que sin facilitarles formación es imposible que avancen y se desarrollen de forma sostenible”.

Otro de los obstáculos con el que se encuentran nuestras pymes es el desconocimiento total de la existencia de este fondo o crédito formativo. La formación tiene unos objetivos muy concretos para empresas y trabajadores que es la mejora de la competitividad. La inversión en formación es necesaria para cualquier compañía independientemente de su tamaño y sector, pero en la coyuntura actual, aún más para las pymes.

En cuanto a la falta de conocimiento, es necesario insistir en la difusión de información sobre las posibilidades que ofrece la formación bonificada. Se trata de un tipo formación contratada por las empresas para sus trabajadores a otras empresas especializadas que poseen un convenio de colaboración con la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo. El adjetivo de “bonificada” le viene dado porque el coste de esta formación, aunque es pagado en primera instancia por la empresa que contrata la formación, puede serle devuelto total o parcialmente al canjearse por los importes pagados a la Seguridad Social a través de las nóminas y que conforman el Crédito Formativo.

Recientemente, el Consejo de Ministros aprobó un acuerdo por el que se autoriza al Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) a convocar subvenciones para programas de formación orientados a la adquisición y mejora de competencias profesionales relacionadas con los cambios tecnológicos y la transformación digital. Estos programas, dirigidos a trabajadores prioritariamente en activo, forman parte de un plan nacional de formación bianual y dotado con 60 millones de euros, de los cuales 50,4 millones se gestionarán a través de subvenciones en régimen de concurrencia competitiva con centros acreditados.

En los programas de formación previstos en la convocatoria podrán participar también las personas en situación de desempleo siempre que no superen el 30% del total de participantes. Además, tendrán prioridad en el acceso a la formación las mujeres, las personas con discapacidad, las personas trabajadoras con bajo nivel de cualificación y los mayores de 45 años. La convocatoria recoge más de 400 especialidades formativas, 226 nuevas y otras 180 actualizadas que responden a las necesidades de adquisición de competencias identificadas por la negociación colectiva estatal. Esta convocatoria de subvenciones fue aprobada por el Patronato de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo el pasado 22 de diciembre de 2017, con el respaldo de las organizaciones sindicales y patronales, las comunidades y los representantes de los diferentes Ministerios presentes en la misma, según ha informado el Ministerio de Empleo.

La formación es el vector clave de la economía del conocimiento, a la cual debemos aspirar para la supervivencia de las empresas en la situación económica vigente. Los trabajadores mejoran su empleabilidad y, por lo tanto, su permanencia en el mercado de trabajo, y las empresas mejoran su competitividad.

La falta de aprovechamiento de estos recursos por parte de las Pymes genera un lastre para las mismas Pymes y para el propio país, que pierde en competitividad y capacidad de innovación. Dos cuestiones que marcan la diferencia en un mundo globalizado y cada vez más complejo y que son claves para salir de la actual crisis económica.

Es responsabilidad de todos acabar, poco a poco, con esta situación; y puesto que la formación es siempre una inversión, el esfuerzo merecerá la pena.

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