La estructura actual de las organizaciones empresariales.

La empresa actual se caracteriza por la complejidad de su gestión debido a las características del entorno. Hay que analizar constantemente el entorno y todos los procesos de todo tipo que nos pudieran afectar, incluso en época de bonanza, y adaptarse a los cambios.

Muchos aspectos de la gestión empresarial pueden pasar desapercibidos en la gestión diaria de la empresa. Y, sin embargo, comprender el funcionamiento de las empresas requiere reflexionar sobre los diversos elementos que la componen y las complejas relaciones que entre ellos se establecen.

Durante la mayor parte de nuestras vidas formamos parte de organizaciones: una universidad, un equipo deportivo, una empresa; algunas más formales que otras. Sin embargo, todas las organizaciones (dos o más personas que trabajan juntas en forma estructurada para alcanzar un objetivo específico o un conjunto de objetivos) a las que pertenecemos tienen varios elementos comunes:

  • Persiguen una meta o finalidad.
  • Contarán con un programa o método para cumplir esa meta.
  • Han de adquirir y asignar los recursos necesarios para lograr la meta.
  • No son autosuficientes.
  • Tendrán líderes que las ayuden a cumplir sus metas.
  • Las organizaciones en la actualidad dado el número de elementos e información que manipulan, y la gran interacción entre ellos se les considera como sistemas complejos. Un sistema complejo es un sistema compuesto de muchos elementos, los cuales interactúan entre sí.

La gestión de la creciente complejidad organizativa hasta ahora se ha abordado desde una balanza entre un enfoque basado en estructuras y procesos, y un enfoque basado en sentimientos y relaciones interpersonales. Pero según Yves Morieux, experto francés en diseño organizacional, el verdadero problema es que estos dos planteamientos están obsoletos.

Para lidiar con la complejidad, para mejorar el sistema nervioso de la organización, él defiende la aplicación de una simplicidad inteligente basada en seis reglas:

  1. Entender qué hacen los demás. Comprender el trabajo de los otros, yendo más allá de las descripciones de los puestos de trabajo y de los prejuicios, es básico para entender las razones de cada uno.
  2. Reforzar a los integradores. En vez de añadir nuevas estructuras, reforzar a los jefes de equipo en las estructuras actuales dándoles poder para hacer cooperar a sus equipos. Esto implica eliminar normativas y dotar a dichos gerentes de un poder discrecional.
  3. Incrementar la cantidad de poder. Empoderar a los trabajadores hace que puedan utilizar su criterio y su inteligencia y que les sea posible correr el riesgo de cooperar.
  4. Extender la sombra del futuro. Crear ciclos de feedback que expongan a la gente a las consecuencias de sus propias acciones.
  5. Aumentar la reciprocidad. Mediante la eliminación de las barreras que nos hacen autosuficientes, nos vemos forzados a cooperar.
  6. Recompensar a aquellos que cooperan. Al mismo tiempo hay que penalizar a aquellos que no lo hacen. Tal y como expresa el Director General de Lego, Jorgen Vig Knudstorp: “La culpa no es por fracasar, es por fallar en ayudar o en pedir ayuda”.

Si somos capaces de aplicar estas seis reglas en las organizaciones dejaremos de buscar soluciones que supongan la implementación de más estructura y podremos focalizarnos en la interacción y la cooperación. Así gestionaremos la complejidad sin complicarnos y crearemos más valor a menor coste. Mejoraremos el desempeño y la satisfacción en el trabajo porque habremos eliminado la causa común que entorpece las dos cosas: la complicación.

Teniendo en cuenta que los sistemas complejos tienen un carácter imprevisible, la gestión fundamentada en el control y en el orden ya no resulta tan efectiva. Según la Teoría de la Complejidad se sugieren dos caminos para manejar este factor: reducirlo o absorberlo; en el entorno actual se estima que la segunda alternativa es la más indicada  y que las compañías tendrían que concentrar sus esfuerzos en participar de la complejidad y absorberla. Como consecuencia directa de toda esta complejidad, el diseño de las organizaciones está pasando de las estructuras verticales a las colaborativas. Se buscan estructuras basadas en redes que persiguen el equilibrio entre control y aprendizaje, entre jerarquía y red. Todo ello orientado al diseño de una organización flexible e inteligente.

La formación continua en las Pymes españolas.

Según un estudio elaborado por la Federación Nacional de Asociaciones de Consultoría, Servicios, Oficinas y Despachos (Fenac), “sólo el 8,6% de las pymes de nuestro país acceden al sistema de formación bonificada, lo cual exige tomar medidas para acercar la formación a nuestro tejido productivo”. Según apunta Francisco Aranda, vicepresidente de FENAC, “no tiene sentido que el colectivo mayoritario de empresas de nuestro país esté desconectado del principal elemento de competitividad que es la formación”.

El motivo principal por el que las pymes españolas no acceden a la formación bonificada está en la falta de recursos materiales y humanos propios de este tipo de compañías. Tampoco favorecen, según el estudio, la complejidad en la gestión, los importes reducidos que reciben las pymes, ni los escasos incentivos existentes para las consultoras. Según Aranda, “nuestra economía debería avanzar aportando productos y servicios de mayor calidad, para lo que resulta fundamental introducir la innovación en todos los procesos, a través de la formación. Ahora que todos los políticos parecen querer apoyar a las pymes, no podemos olvidar que sin facilitarles formación es imposible que avancen y se desarrollen de forma sostenible”.

Otro de los obstáculos con el que se encuentran nuestras pymes es el desconocimiento total de la existencia de este fondo o crédito formativo. La formación tiene unos objetivos muy concretos para empresas y trabajadores que es la mejora de la competitividad. La inversión en formación es necesaria para cualquier compañía independientemente de su tamaño y sector, pero en la coyuntura actual, aún más para las pymes.

En cuanto a la falta de conocimiento, es necesario insistir en la difusión de información sobre las posibilidades que ofrece la formación bonificada. Se trata de un tipo formación contratada por las empresas para sus trabajadores a otras empresas especializadas que poseen un convenio de colaboración con la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo. El adjetivo de “bonificada” le viene dado porque el coste de esta formación, aunque es pagado en primera instancia por la empresa que contrata la formación, puede serle devuelto total o parcialmente al canjearse por los importes pagados a la Seguridad Social a través de las nóminas y que conforman el Crédito Formativo.

Recientemente, el Consejo de Ministros aprobó un acuerdo por el que se autoriza al Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) a convocar subvenciones para programas de formación orientados a la adquisición y mejora de competencias profesionales relacionadas con los cambios tecnológicos y la transformación digital. Estos programas, dirigidos a trabajadores prioritariamente en activo, forman parte de un plan nacional de formación bianual y dotado con 60 millones de euros, de los cuales 50,4 millones se gestionarán a través de subvenciones en régimen de concurrencia competitiva con centros acreditados.

En los programas de formación previstos en la convocatoria podrán participar también las personas en situación de desempleo siempre que no superen el 30% del total de participantes. Además, tendrán prioridad en el acceso a la formación las mujeres, las personas con discapacidad, las personas trabajadoras con bajo nivel de cualificación y los mayores de 45 años. La convocatoria recoge más de 400 especialidades formativas, 226 nuevas y otras 180 actualizadas que responden a las necesidades de adquisición de competencias identificadas por la negociación colectiva estatal. Esta convocatoria de subvenciones fue aprobada por el Patronato de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo el pasado 22 de diciembre de 2017, con el respaldo de las organizaciones sindicales y patronales, las comunidades y los representantes de los diferentes Ministerios presentes en la misma, según ha informado el Ministerio de Empleo.

La formación es el vector clave de la economía del conocimiento, a la cual debemos aspirar para la supervivencia de las empresas en la situación económica vigente. Los trabajadores mejoran su empleabilidad y, por lo tanto, su permanencia en el mercado de trabajo, y las empresas mejoran su competitividad.

La falta de aprovechamiento de estos recursos por parte de las Pymes genera un lastre para las mismas Pymes y para el propio país, que pierde en competitividad y capacidad de innovación. Dos cuestiones que marcan la diferencia en un mundo globalizado y cada vez más complejo y que son claves para salir de la actual crisis económica.

Es responsabilidad de todos acabar, poco a poco, con esta situación; y puesto que la formación es siempre una inversión, el esfuerzo merecerá la pena.

Gestión de Procesos de Negocio (BPM) en las Pymes.

La Gestión de Procesos de Negocio (en inglés: Business Process Management o B.P.M.) es una disciplina de gestión compuesta de metodologías y tecnologías, cuyo objetivo es mejorar el desempeño, eficiencia y eficacia y la optimización de los procesos de negocio de una organización, a través de la gestión de los procesos que se deben diseñar, modelar, organizar, documentar y optimizar de forma continua. Por lo tanto, puede ser descrito como un proceso de mejora continua de procesos.

El modelo de administración por procesos se refiere al cambio operacional de la empresa, al migrar de una operación funcional a una operación administrada por procesos. La Gestión de Procesos de Negocio es una tecnología muy extendida en el ámbito de las grandes empresas, pero prácticamente desconocida en el mundo de las Pymes. Para la mayoría de organizaciones, el modelo de gestión clásico es obsoleto para sus retos estratégicos y de gestión. Frente a este problema se presenta el modelo de gestión por procesos con un enfoque orientado por procesos para satisfacer a los clientes de una empresa.

En el quehacer diario de cualquier actividad de negocio, intervienen diferentes personas cada una con una responsabilidad concreta: los comerciales venden, los clientes hacen pedidos, los administrativos de ventas administran los pedidos, el almacén los prepara, los administrativos o contables facturan y el transportista los entrega. Todas estas personas, aunque realizan trabajos diferentes, están relacionados entre sí por una secuencia de trabajo preestablecido en un contexto de Procesos de Negocio.

Durante esta actividad diaria, se genera gran cantidad de información y documentación que tiene que ir pasando de una persona a otra. Es posible que el negocio disponga de aplicaciones informáticas en las que es necesario grabar información en cada paso de estas secuencia de trabajo. Es aquí donde la Gestión de Procesos de Negocio se hace imprescindible.

Todo este tipo de situaciones habituales pueden ser informatizadas gracias a la Tecnología de Gestión de Procesos de Negocio (BPM). Principalmente un BPM aporta una mejora considerable en la eficacia y eficiencia en las tareas diarias del negocio, con el consiguiente ahorro en tiempo y dinero. Garantiza que todas estas tareas diarias se realizan de manera óptima, independientemente de las personas.

El control de toda la actividad de gestión y saber en todo momento qué tareas están siendo realizadas y las personas que las realizan es la función principal del BPM de Gestión de Procesos de Negocio. Si a esto se une una gestión documental centralizada, el trasiego de papel, la pérdida de documentación, las repetidas impresiones del documento y del tiempo relacionado con las búsquedas, la implantación del modelo de Gestión de Procesos de Negocio en la Pyme mejora ostensiblemente los niveles de productividad.

Además, si es posible realizar una integración con las aplicaciones instaladas, se evita la transcripción manual de la información de un sistema a otro. Al final se podrá disponer de un conjunto de métricas que permitan tener cuantificado en qué se emplea el tiempo, con el objetivo de mejorar día a día en la gestión del negocio.

Cuando una empresa se plantea la posibilidad de tener que repensar sus procesos de negocio, es muy posible que tenga que realizar una inversión económica, ya sea contratando a un experto para que asesore sobre las modificaciones a tener en cuenta, ya sea mediante la adquisición de algún producto o solución tecnológica disponible en el mercado o, en el peor de los casos, ambas a la vez. Sin embargo, es absolutamente imprescindible que toda empresa entienda que su gestión eficaz se basa en la comprensión de sus procesos, su análisis, su evaluación y su optimización, utilizando para ello las diversas metodologías y normativas. Sólo así se pueden alinear los procesos con los planes estratégicos del negocio y los objetivos de la empresa.

En definitiva, son muchas ventajas las que aporta una solución BPM de Gestión de Procesos de Negocio en la Pyme: Ahorro de tiempo, papel y dinero. Esto revertirá en la mejora de la gestión interna, en la calidad del servicio al cliente y en el aumento de beneficios al destinar el tiempo a generar y no a tareas administrativas de naturaleza indirecta.

En definitiva, la tecnología BPM de Gestión de Procesos de Negocio trae consigo una serie de beneficios para todos. Disponer de una solución BPM en el negocio de las Pymes, proporciona una serie de beneficios a los clientes, a los empleados y al negocio en sí.

Formación de trabajadores en competencias digitales, ya está lista la convocatoria.

Apenas 60 millones de euros. Esta es la cantidad que el Gobierno destina en su Plan de Formación de trabajadores en competencias digitales para el cual acaba de publicar la convocatoria. Es una cantidad irrisoria. Si lo que se pretende es ayudar a las empresas en su transformación digital se necesita más, mucho más.

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En busca de una ley española para impulsar el trabajo virtual.

Las plataformas digitales han favorecido la accesibilidad laboral de miles de trabajadores reduciendo tiempos o mejorando habilidades. La conciliación es un objetivo clave de las empresas privadas para fomentar el teletrabajo con acuerdos bilaterales. Sin embargo, no existe una regulación específica de esta modalidad laboral. ¿Es esta carencia normativa un obstáculo para introducir la jornada virtual de las Administraciones públicas?

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