Entrenadores digitales para la transformación digital

El hecho digital está modificando profundamente la sociedad y, por consiguiente, el tejido empresarial a un ritmo trepidante y de una manera integral.

Un contexto que obliga a las empresas a repensar todo tipo de procesos. “La transformación digital es la palabra de moda, pero este cambio no solo afecta a la infraestructura de la empresa. De hecho, el activo más importante son las propias personas”, explicó la presidenta de Inesdi Digital Business School, Joana Sánchez, durante la presentación del estudio Top 25 de las profesiones digitales. Sánchez fue más allá, y afirmó que el grado de verdadera madurez digital de las compañías se mide en base a cómo sus profesionales incorporan esta transformación tecnológica a sí mismos. “Porque si cambia la empresa, pero no lo hacemos ni los empleados ni los directivos, difícilmente podremos avanzar. Por eso, por el momento, en este grado de madurez, los grupos españoles están suspensos”, alegó Sánchez.

Y aunque la digitalización se ha extendido por todos los sectores de la sociedad, en muchas ocasiones se ha echado de menos un análisis exhaustive que llevase a comprender bien el fenómeno y sus consecuencias a corto y largo plazo.

Uno de los principales errores que se han cometido hasta le fecha es juntar todo el ámbito digital en un punto, y reducir todas las tareas de este macrosector a uno, dos o tres perfiles profesionales. Muchas compañías creen que la digitalización es algo homogéneo, y que un solo perfil puede ocuparse de todas las tareas que entran en esta disciplina. “El mundo digital es enorme, tremendamente amplio, y para cada labor, es necesario un tipo de profesional, porque es imposible conocer todo en este sector”, comentó la directora de contenidos de marketing de Coca-Cola, Sara Gallego. Y en este sentido, muchas veces el principal escollo de las empresas es definir el rol que necesitan y las competencias y responsabilidades de sus directivos y empleados.

Guiar a las compañías en el momento de buscar a los profesionales que necesitan es uno de los objetivos de este estudio elaborado por Inesdi, en el que se han analizado 165 ofertas de trabajo de 104 empresas, con un total de 25 profesiones digitales diferentes, detallando la misión de cada una de estas figuras dentro de la organización.

Precisamente, el ya conocido Big Data es uno de los nueve grandes ámbitos digitales en los que se han clasificado las 165 ofertas analizadas en el citado estudio. A esto se le añaden el de la tecnología e innovación de los negocios, el de diseño y desarrollo digital, el de ecommerce, el de contenido digital, el social media, el de estrategia digital y el de marketing digital. “Y además, entra por primera vez el ámbito de los recursos humanos, porque la transformación digital, sin un cambio de cultura y mentalidad en los profesionales no sirve de nada”, enfatizó Ana Sánchez-Blanco, directora académica de Inesdi.

Fuera del sector que aúna la gestión de personas con la digitalización, en esta edición del estudio han aparecido cuatro nuevas profesiones, que al igual que el responsable de reclutamiento digital y el analista de recursos humanos, se estrenan en esta muestra. Uno de ellos es el experto en desarrollos virales, dentro del ámbito de la estrategia digital, cuya misión es la de acercarse al mercado con un punto de vista innovador y así conectar con los usuarios. Otro perfil es el responsable de visualización de datos de negocio, dentro del ámbito del Big Data. Es el encargado de facilitar la visualización de datos a través de una mezcla entre el diseño y el análisis, “para estudiar y saber representar grandes cantidades de datos”, apuntó Sánchez-Blanco.

Las otras dos profesiones que se estrenan son el responsable de conversión y captación programática, que tiene que maximizar el rendimiento y mejorar las campañas de la empresa, y el experto en realidad virtual, “que tiene la misión de acercar la realidad y cotidianidad de cualquier empleado al mundo virtual”, afirmó.

Otro de los perfiles que amenaza con saltar a las grandes organizaciones es el del artista. El fundador de la firma de ropa Pompeii, Jaime Garrastazu, explicó cómo ahora “estamos inmersos en un nuevo ecosistema que es totalmente cambiante. Quien antes se adapte a la situación, ganará ahora, pero tendrá que volver a hacerlo en unos años para volver, ya que esto es imparable y todo volverá a cambiar”. En el caso de su empresa, la figura del artista es la que ha hecho posible sorprender con nuevas técnicas y tácticas de marketing, “ya que tiene una visión de la realidad totalmente diferente y aporta un valor extra”.

Nos encontramos en pleno proceso de despliegue de una tecnología disruptiva que está modificando los negocios, pero también la sociedad. La informática fue crucial para la mecanización de los procesos, y la posterior conexión de los ordenadores entre ellos desembocó en el nacimiento de una capacidad de procesamiento y distribución de la información difícil de asimilar, y, aún hoy, difícil de imaginar. Esta capacidad de conectarse no ha hecho más que multiplicarse de forma exponencial. Lo digital ha multiplicado exponencialmente la habilidad de conectarnos. Inicialmente, sólo tenían acceso a Internet las empresas y las instituciones, ahora lo tiene buena parte de la ciudadanía, y, muy pronto, será habitual y muy extendida la conexión a los objetos cotidianos como un coche, un contenedor de basura, una farola de la calle o una prótesis. Hoy, las familias hablan por Whatsapp, los alumnos tienen acceso a más información que la conocida por su profesor, la música se ha vuelto digital, no hace falta comprar un periódico para estar informado, los pacientes interrogan a los médicos, los mecánicos de coche visten bata blanca, y un montón de detalles de nuestra vida cotidiana que se han visto profundamente alterados.

Pasa exactamente lo mismo con los negocios. El hecho digital está obligando a repensar procesos de todo tipo: el marketing, el desarrollo de marca, la atención al cliente, la selección de personal, la comunicación interna, la relación con los proveedores, la investigación de mercados, los procesos de internacionalización, la gestión de crisis, los procesos de innovación, la formación de personal y un largo etcétera hasta abastar todos y cada uno de los procesos de cualquier organización, sea cuál sea el área funcional y sea cuál sea el sector.

Las «fintech» van a cambiar radicalmente el negocio bancario.

Fintech viene de la contracción de las palabras inglesas finance y technology, y engloba a los servicios o empresas del sector financiero que aprovechan las tecnologías más modernas para crear productos innovadores. Si bien en la actualidad, alrededor del 45% de los servicios financieros son digitales, se estima que en el año 2020 este porcentaje se elevará al 70%. Las nuevas plataformas tecnológicas «fintech» reducirán entre un 10 y un 40% el beneficio de las entidades bancarias. Por ello,, aquellos bancos que no sean capaces de realizar una profunda transformación digital en los próximos cinco años, estarán en peligro de desaparecer.

La revolución digital también está entrando en el sector financiero; la tecnología está revolucionando su negocio, y las llamadas «fintech» debilitarán aún más a las entidades tradicionales, cuyos beneficios están cayendo en picado. Prueba de ello, es que el presidente de la Asociación Española de la Banca (AEB), ha anunciado que antes de 5 años, los clientes de las entidades  tendrán que pagar por todos los servicios que ofrecen. A esto, hay que añadir los quebrantos económicos que están experimentando los bancos como consecuencia de las sentencias desfavorables que les obligan a devolver las llamadas «preferentes», así como por las «cláusulas suelo» hipotecarias. No es de extrañar, pues, que el presidente del BBVA insista una y otra vez, en que el futuro de la banca para por la digitalización; por las «fintech».

Algunas de las áreas Fintech más destacadas son:

  • Banca móvil
  • Big data y modelos predictivos
  • Compliance
  • Crowdfunding
  • Criptomonedas y monedas alternativas
  • Forex (mercado de divisas)
  • Gestión automatizada de procesos y digitalización
  • Gestión del riesgo
  • Pagos y transferencias
  • Préstamos P2P
  • Seguros
  • Seguridad y privacidad
  • Servicios de asesoramientos financiero
  • Trading

Según datos de Eurostat, a finales de 2014, el 37% de los españoles de edades comprendidas entre 15 y 74 años (13 millones de clientes), usaba la banca por internet, y la proporción de clientes de banca móvil, respecto de la banca on line, sería del 45%; es decir, que el móvil es ya  el mayor canal de la banca por volumen de transacciones, y uno de los factores más importantes a la hora de elegir una entidad bancaria.

En 2015 se aprobó en España el proyecto de ley del «crowdlending» y del  «crowdfunding«, un hito que fija un marco regulatorio a estas fuentes. Aunque en nuestro país, cerca del 90% de la financiación empresarial procede de los bancos, existen unos 160.000 millones de euros fuera del circuito bancario, por lo que un buen número de empresas start-ups «fintech» quieren ocupar este nicho de mercado.

Posiblemente, las «fintech» no supondrán el fin de la banca, pero acabarán con el concepto tradicional, con su mala praxis y sus abusos; estas nuevas empresas ofrecen una mejor experiencia al cliente, y reducen drásticamente las comisiones pagadas por algunas operaciones y servicios.

En el año 2014 se crearon en España 17 empresas fintech , mientras que en 2015 aparecieron otras 13; en total hay  109 empresas identificadas. No cabe duda que este es un subsector con grandes posibilidades.

Google Campus Madrid ha acogido la presentación del proyecto “Libro Blanco: Guía imprescindible para el sector Fintech en España”. Organizado por la Asociación Española de Fintech e Insurtech, en el evento, que ha reunido a start-ups fintech, entidades financieras, y la Administración pública, se han dado a conocer las bases de este Libro Blanco del Fintech en España, que se finalizará y dará a conocer a las autoridades en octubre 2016.

Desde la Asociación Española de Fintech e Insurtech se ha insistido en la necesidad de un marco que ofrezca “transparencia, seguridad jurídica para el usuario final y que establezca incentivos fiscales para que las empresas fintech se queden en España”.