La diferencia entre gasto e inversión.

Muchas veces escuchamos hablar de gasto e inversión, pero sabemos realmente ¿qué es un gasto? Y ¿Qué es una inversión?, para aclarar las dudas a continuación se presentan una definiciones.

Cada vez que sale dinero de la caja de la empresa se está incurriendo en un gasto pero sólo algunos de ellos se podrán considerar inversiones. Desde un punto de vista teórico, la diferencia es que una inversión puede generar beneficios pero un gasto no. Es decir, un gasto se limita a restar capital de la empresa, un capital que no se recupera, mientras que una inversión también resta capital pero se espera que lo devuelva al cabo de cierto tiempo.

¿Qué una inversión? La inversión supone la adquisición de un bien duradero para la empresa. Sus características son:
• Sabemos desde el momento de la adquisición que el bien pasa o pasará a ser propiedad de nuestra empresa, independientemente de cuándo y cómo lo paguemos. Por ejemplo, por compra o por leasing en el que ejerceremos la opción de compra cuando acabe el contrato.
• El bien es duradero y lo adquirimos para que a lo largo de su vida útil nos sirva para desarrollar la actividad de la empresa. Por ejemplo, una máquina.
• El bien puede ser material (por ejemplo, el mobiliario) o inmaterial (por ejemplo, un software).
• Al ser algo duradero, no se trata de algo que todos los meses o trimestres tengamos que volver a adquirir (aunque en algún momento lo tendremos que renovar, cuando ya no sea útil).

¿Qué es un gasto? El gasto es algo recurrente. Un desembolso que tendremos que hacer todos los meses, o trimestres, o años y que no está retribuyendo un bien de carácter duradero para nuestra empresa.

Dentro de los gastos se incluyen todos los servicios que debamos contratar, como la limpieza o la luz,… Pero también se incluye la compra de bienes que entran en la empresa para consumirse al trabajar.

El alquiler del local también constituye un gasto, ya que su pago no nos transfiere la propiedad del local, sino sólo el derecho a usarlo. Por tanto, elementos característicos del gasto son:
• Pagamos algo no duradero.
• Es recurrente.
• Retribuye servicios o bienes que se usan para la actividad y en ese uso salen de la empresa, no permanecen en ella.

El problema es que la línea que separa el gasto de la inversión no siempre está clara y en ocasiones es muy delgada. Todos hemos realizado importantes inversiones que el tiempo nos ha dejado claro que no eran más que un gasto. Al final todo dependerá del uso real que hagamos de esa inversión y, por tanto, siempre conviene analizar anticipadamente cada compra.

Aunque en el plano fiscal y contable muchas leyes son interpretables, la Agencia Tributaria se afana en delimitar al máximo posible lo que es y lo que no es legal para una empresa. En este sentido, la distinción tiene que ver tanto con el beneficio como con el plazo de amortización y el tiempo que el activo permanecerá en la empresa.

Desde el punto de vista de la contabilidad, un gasto es el que deriva del ejercicio de la actividad principal de la empresa y no forma parte de su patrimonio. A efectos prácticos, todo dispendio que sólo genere ingresos en un ejercicio será considerado gasto. Y a efectos contables, la inversión va al balance y el gasto a la cuenta de resultados, ya que la compra de inmovilizado, una máquina, por ejemplo, no modifica el patrimonio de la empresa, sólo se cambia caja por el activo. Por el contrario, el gasto sí afecta a la cuenta de resultados y al patrimonio de la empresa.

Aprender a reconocer qué es una inversión puede ser útil para prevenir futuras crisis económicas.

ENLACES: Gasto e Inversión

Objetivo: estimular la Demanda

Por Guy Ryder, Director General de la OIT, artículo publicado originalmente bajo el título “Estimular la demanda es el objetivo. ¿Cómo alcanzarlo?” (Copyright © Organización Internacional del Trabajo2013)

En los últimos meses hemos visto señales prometedoras de recuperación económica. Parece que el crecimiento vuelve a la zona euro. En Estados Unidos, los economistas predicen que 2014 puede ser el mejor año para el crecimiento desde 2005.

Son buenas noticias, pero debemos ir más allá de las cifras de los titulares y analizarlas en detalle.

El desempleo sigue en niveles inaceptablemente altos y se prevé que globalmente aumente desde los actuales 200 millones de desempleados hasta casi 208 millones para 2015. En la mayoría de los países del G20, las condiciones del mercado de trabajo han mejorado ligeramente o no han mejorado en los últimos doce meses.

Muchas de las personas que sí tienen trabajo ocupan empleos de baja calidad, con frecuencia temporales, o trabajan involuntariamente a tiempo parcial. El promedio de los salarios reales ha caído o se ha ralentizado en numerosas economías de países avanzados como Japón, el Reino Unido, Estados Unidos y España.

Todos coincidimos en que globalmente existe un déficit de demanda agregada: la demanda total de bienes y servicios no es suficiente para emplear a los millones de personas que quieren trabajar o para dar a las empresas la confianza suficiente que les permita crecer.

Cada componente de la demanda – gasto en consumo, inversión, gasto público y exportaciones – permanece por debajo de los niveles previos a la crisis.

Es un círculo vicioso que comienza en el consumidor, causando una reacción en cadena en otros ámbitos y regresando al punto de partida: la demanda del consumidor se origina en los hogares pero sus ingresos se han visto afectados por años de estancamiento de los salarios, lo que significa que no tienen los medios para comprar los bienes y servicios que podrían estimular el crecimiento.

Esto, a su vez, afecta al nivel de inversión porque las empresas no invierten a menos que haya demanda. Las políticas de austeridad que han aplicado muchos gobiernos en los últimos años deprimen la demanda pública.

La clave para romper el círculo reside en la creación de más empleos de calidad y, al mismo tiempo, en el incremento de la productividad. Se trata de combinar políticas económicas y laborales.

Donde se disponga de margen, los gobiernos deberían invertir en la construcción de infraestructuras que incrementaran la eficiencia de sus economías a largo plazo y que al mismo tiempo crearan empleos a corto plazo.

Australia, Canadá, Indonesia y Japón han destinado importantes recursos a este tipo de inversiones.

Los gobiernos deberían además incentivar a los bancos para que otorguen préstamos a las pequeñas y medianas empresas. Esto ayudaría a crear un clima nacional favorable a las inversiones y los negocios, lo cual generaría a su vez más empleos de calidad.

Las políticas del mercado laboral con frecuencia son percibidas como un apéndice de las políticas económicas, pero en realidad son decisivas para mejorar la demanda agregada. Estas políticas comprenden el establecimiento de salarios mínimos y de políticas que refuercen los vínculos entre la productividad y los salarios, ya que un incremento de los salarios generaría un aumento de la demanda.

China ha adoptado activamente y con éxito estas políticas que han resultado en incrementos anuales de dos dígitos en sus salarios mínimos durante los últimos 20 años.

El crecimiento aún es limitado y demasiado frágil, y la situación del empleo continúa deteriorándose.

Con una combinación adecuada de políticas económicas y de políticas laborales, podemos romper el círculo vicioso que ha gripado la economía mundial, restablecer el crecimiento económico y crear más y mejores empleos para la gente.

Hasta que no reconozcamos que las políticas que frenan la demanda de las familias trabajadoras, de las pequeñas y medianas empresas y de los gobiernos es una combinación de políticas equivocada, cualquier recuperación económica será efímera.