Características profesionales de un vendedor de éxito

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¿Cuáles son las características personales y profesionales que debe reunir un vendedor profesional?

En el artículo que continúa realizo un acercamiento a algunas de las cualidades más importantes, evidentemente no están todas, que marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso de un vendedor:

Influencia Personal:

Orientación de todas las cualidades personales y profesionales del vendedor en las relaciones con los demás y la habilidad que aporta para ser aceptado y creído. La tendencia a suponer que el proceder propio siempre es correcto y acertado explica que se perpetúen las mismas deficiencias. Se necesita mucha fuerza de voluntad para eliminar de nuestro comportamiento los hábitos perjudiciales.

Experiencia:

El método más eficaz para una realización personal satisfactoria es el ensayo. Con la experimentación el hombre avanza y progresa.

Todo lo que hace la vida más llevadera se debe a personas que creyeron en la necesidad de modificar procesos, métodos, ideas…La vida no es estática, sino evolutiva, dinámica. Para progresar hay que desprenderse del lastre de actuaciones rutinarias, negativas, etc. Y esto es más cierto si cabe para un vendedor.

Todos los días se nos presentan situaciones nuevas, complicaciones, para las que los conocimientos de ayer ya no son válidos. Es interminable la lista de ejemplos que se podrían poner sobre ideas y métodos de hacer las cosas que en la actualidad son generalmente aceptados y que generaron un rechazo frontal en el inicio de su divulgación.

Posibilismo:

Toda innovación es resistida o combatida, aún por aquellos que pueden beneficiarse con el cambio introducido.

Quienes deseen salir airosos deben tener una fe implícita en las posibilidades del esfuerzo de la inteligencia y de la acción bien dirigida. Es muy poco lo que se obtiene sin esfuerzo y al instante. Los grandes logros se consiguen a base de tenacidad, constancia, perseverancia y empeño

Serenidad:

La serenidad no es una cualidad congénita. Es adquirida, aunque es admisible que existen unas personas con un temperamento que les dota de una mayor capacidad de adaptación para practicarla.

La serenidad, como atributo del vendedor, que funciona por la voluntad y el dominio adquirido sobre los impulsos emotivos, requiere que se activada por una decisión firme, consciente y disciplinada. Requiere del concurso de una mente vigorosa, educada y constructiva.

Voluntad:

La voluntad no es una función que opera por sí misma. Necesita de algún estímulo íntimo ya sea consciente o inconsciente.

La ejercitación y la disciplina son previas a la eficiencia y la competencia en la actividad de un vendedor. Para generar voluntad es necesario dedicar esfuerzo a alcanzar el objetivo a pesar de los inconvenientes y desventajas.

Cuando se sueña o anhela que se cumpla una determinada aspiración por vía de influencias externas o por el azar, puede descansarse tranquilo, ya que la espera será larga. Sólo el impulso consistente, la voluntad de solventar problemas, consigue resultados.

Ánimo:

La tiranía del amor propio exagerado o de la vanidad provoca que en lugar de seguir procedimientos correctos se ceda a influencias arbitrarias e ineficaces. La disposición anímica idónea del vendedor es aquella que se caracteriza por la resistencia a las actitudes negativas y desalentadoras de los demás.

Ideas:

Las ideas son el fruto de la imaginación, del afán de superación. No es tarea fácil originar ideas interesantes para los demás, porque requiere esfuerzo para dedicarse a pensar en el beneficio de otros. Reunir ideas que interesen a otros, requiere, ante todo, ordenar el pensamiento, ya que el ángulo de visión propio no siempre es el mismo que el de otras personas.

Las ideas no vienen a la mente del vendedor porque uno tenga la necesidad de concebirlas, sino que acuden como consecuencia de la disciplina de un aprendizaje sostenido y prolongado en el hábito de pensar correctamente: Se cosecha lo que se siembra.

Entusiasmo:

El entusiasmo es el impulso esencial del espíritu humano. Sin él raramente se alcanzan objetivos interesantes. Con él, se pueden alcanzar objetivos de realización impensables. Se puede hacer lo que se quiera si se tiene el suficiente entusiasmo para ello. A su vez, la base del entusiasmo es la fe, la creencia en uno mismo.

La clave para liberar el entusiasmo, necesario en un vendedor, para alcanzar objetivos que merezcan la pena es precisamente actuar de forma entusiasta, es decir, el entusiasmo actúa como una bomba autocebada. Las acciones y los sentimientos van unidos, así que, en realidad, uno puede actuar como quiera actuar, y esto le llevará a sentirse como quiera sentirse. El entusiasmo debe estar dirigido a una meta u objetivo.

 El entusiasmo es contagioso: Se interpreta como una señal de confianza y seguridad en uno mismo. La dificultad está en asegurarse de que uno se entusiasma con algo que realmente merece la pena.

Por ello no hay que buscar la contestación fuera de uno mismo; el verdadero entusiasmo, el que es duradero y nos llena de satisfacción es el que está basado en uno mismo.

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